Me parece que es un grave error tachar de tonta e inculta a la gente que se alinea de una manera u otra con la extrema derecha.
Lo primero, me parece del todo clasista («no hay nada más tonto que un obrero de derechas» y «el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando,» me parecen frases nefastas). Lo segundo, que sea un fenómeno tan masivo descarta completamente esa premisa. Lo tercero, que hay muchas personas de extrema derecha muy cultas y leídas, al igual que en nuestras luchas. Cuarto, que las distintas formas de las extremas derechas tienen un vasto aparato ideológico, filosófico y político sobre las que se cimentan, me atrevería a decir que incluso desde antes del siglo XIX.
Por tanto: lo que estamos haciendo es, ni más ni menos, que subestimar a las extremas derechas. Qué fácil habría sido la lucha histórica y actualmente si solamente se tratara de una cuestión de tontería. No es gente tonta, es gente con la que está funcionando, por varios motivos, un aparato propagandístico fortísimo y meditado en el que tienen la propiedad y el monopolio de los medios para hacerlo con éxito, y nos están ganando esa batalla. Y eso no es nada gracioso.
Y no olvidemos tampoco que las extremas derechas no existirían si no existieran ni el capitalismo ni el nacionalismo (completamente sostenidos en el Estado). Cuando el capitalismo se resiente y atraviesa momentos críticos, muda la piel de la democracia liberal para transformarse en totalitarismos de signos muy diferentes.
No es una cuestión de tontería. Es una cuestión de capitalismo y poder. Empecemos a combatirlo desde donde toca.