24-11-2021
El problema de los discursos del «pragmatismo» dentro del anarquismo está más incrustado de lo que creemos. Lo de pasar a recibir subvenciones, cobrar sueldos o apoyar procesos electorales e institucionales, como ha sido la deriva de varias organizaciones que no quiero mencionar, es tan solo la punta del iceberg.
El germen realmente se introduce cuando empieza a desaparecer la transparencia, cuando se ignoran los procesos asamblearios para tomar decisiones de espalda a todo un colectivo con el pretexto de «agilizar los procesos» (y con ello no niego que pueden surgir situaciones de urgencia que pueden requerir una respuesta rápida, para cuyos casos existen o deberían existir mecanismos de horizontalidad), cuando empezamos a votar acuerdos y no a dialogarlos, cuando asumimos conscientemente trabajo que pueden y deben asumir otrxs compañerxs «porque yo sé de qué va la cosa y nadie lo va a hacer como yo», cuando nos sentimos cómodxs creyéndonos imprescindibles en una organización autogestionaria, cuando personas que ostentan responsabilidades no aceptan de buen grado las críticas constructivas, cuando se prioriza la cuota de compañerxs a su bienestar y a su actividad en el colectivo, cuando hablamos y hacemos por lxs trabajadorxs, cuando nos situamos respecto a nuestrxs compañerxs como «la afiliación» o «el resto» o «lxs demás», cuando se da más importancia a la presencia en redes sociales que a la verdadera actividad de la organización, y un largo etcétera. Y también pasa cuando lxs militantes de un colectivo no cuestionan nada de eso porque se sienten cómodxs con la delegación y con no dedicar demasiado esfuerzo en que la organización funcione. Cuando no se cuestionan las cosas, cuando se entiende el no contar con ellxs con la excusa de la agilización, etc. Ahí es donde deberíamos poner el ojo, incluso para nosotrxs mismxs, y no tanto en lo que hacen o dejan de hacer otras organizaciones con las que no simpatizamos y toman derivas nada libertarias en nombre del pragmatismo.
Lo siguiente es lo de las subvenciones, lo de la lucha a sueldo, lo de apoyar procesos institucionales y lo de regalar fines de semana en un balneario a cambio de traer afiliados que paguen cuotas. Lo siguiente es convertirnos en lo que repudiamos.