Contra la «damnatio memoriae», construyamos memoria y lucha

Llegará un momento en que el pasado de la Guerra civil, el franquismo, el genocidio* nazi y los horrores de la II Guerra Mundial, así como otros tantísimos episodios nefastos de nuestra historia, simplemente perderán su conexión emocional con la memoria. Es triste, pero el devenir del tiempo es así.

Las generaciones mueren y con ellas la distancia crece y la memoria se diluye. Los estudios perderán la pátina de la tan denostada imparcialidad, y entonces respirarán con alivio quienes dicen que hay que mirar al futuro y olvidar. Ya está pasando con la Primera Guerra Mundial y ya pasó con otros tantos procesos. Ya no lloramos sus muertos. Incluso la juventud adolescente estudia ETA (por ejemplo) en las aulas, como si fuera algo ya lejano, «parte del pasado», y les aburre estudiarlo pero lo harán porque querrán pasar de curso y ya. Un escalofrío me recorre el cuerpo cuando pienso que vamos a contrarreloj: cada vez quedan menos testimonios vivos de 1936, de 1939, de 1945.

En este territorio que habito, España, la memoria quedó sepultada cuando el franquismo se impuso, y cuando la democracia llegó, llegó con ella el discurso del perdón forzado, de callar, de olvidar, de cerrar las heridas. Pero solo para una parte, porque las calles e instituciones siguen llenas de verdugos y fascistas. El nacionalcatolicismo se les coló en la nueva democracia incluso a la hora de «perdonar» los horrores de la guerra y la dictadura. Perdona, calla y olvida. Recuerden esto cuando digan que «los rojos» solo guardamos rencor y que tenemos a Franco todo el rato en la boca. Y más que lo tendremos: hasta que esté muerto de verdad.

El pueblo que pierde su memoria histórica, sus raíces y que ya no llora a sus muertos ni aprende de ellos, pierde capacidad de lucha. Por eso me duele cuando en nuestras luchas se nos llama nostálgicas a las personas que miramos al pasado y tratamos de recuperarlo. No para repetir, sino para aprender, para recordar y seguir generando luchas.

Vamos a contrarreloj. No nos pongamos sus ropas de indiferencia y desprecio, no nos dejemos engatusar por sus perdones forzados y sus discursos de caminar hacia el futuro sin mirar atrás. Tenemos mucho que hacer y tenemos que armarnos de memoria para cuando el tiempo nos eche encima su manto de imparcialidad y distancia. Tenemos que seguir alimentando nuestras luchas, y la memoria histórica es parte esencial para ello. Que se mantenga viva la memoria de les antifascistas, de les luchadores, de les rebeldes, les anarquistas, las mujeres, las putas y las disidencias (su memoria queda borrada incluso por otres antifascistas).

Rebelémonos contra la «damnatio memoriae». Utilicemos nuestra historia como un arma, como una herramienta para mantener viva la rebeldía y el anhelo de un mundo nuevo.

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* Utilizo el término «genocidio» y no «holocausto» porque no solo se exterminó a la población judía sino que también a la gitana, a las resistencias políticas, exiliades españoles que huían de la dictadura, a mujeres degeneradas, a las disidencias de género y a todas aquellas gentes e identidades que no encajaban o ponían trabas al nefasto proyecto ario. En estos momentos tan delicados conviene puntualizar estas cosas, porque si no, perpetuaremos mierdas y, además, intuyo que para el sionismo resulta muy beneficioso monopolizar la memoria del exterminio. Sin negar, evidentemente, la violencia específica y masiva desatada contra la población judía. Genocidio es lo que hizo el nacionalsocialismo y también es lo que está haciendo el sionismo institucionalizado en Israel contra el pueblo palestino. Que no se borre tampoco la memoria que hoy riega con sangre y muerte este ocupado y devastado territorio.